El mayor riesgo para un gestor no es la IA en sí misma, sino la falta de atribución. Cuando un agente autónomo realiza una acción bajo las credenciales de un humano, se crea un vacío legal y técnico: si algo falla o se produce una filtración de datos, es imposible determinar quién o qué fue el responsable real.
La propuesta del Agentic IAM elimina este vacío al registrar a cada agente de IA como una identidad corporativa única. Esto garantiza que cada bot tenga permisos específicos, limitados exclusivamente a los recursos necesarios para operar, y siempre vinculados a un dispositivo verificado y seguro.